lunes, 25 de octubre de 2010

La bienvenida.


Hay tipos de bienvenidas que no saben de tiempos. Que simplemente no son necesarias porque faltaron a la cita con la despedida.
La que me esperaba encontrar me intrigaba. Estuve toda la noche previa al vuelo pensando en como me volveria a recibir una tierra que supo sonreirme.
Al salir de casa, no hubo suspiros. Faltaron a la cita sonrisas o un bonito recuerdo. Tampoco las iba a echar en falta. El sitio que me acogio durante un verano no reunio las condiciones para que guarde un recuerdo de este sitio.
En el aeropuerto, me encontre con mi gran amor. Ese, que incoherentemente fue el motivo tacito de que volviera una y otra vez al mismo sitio. Ella partia hacia una ciudad que odiaba, yo, en cambio me iba a donde me llevaba el corazon. Curiosamente, ignorandolo de una forma vil.
La despedida con ella no fue agradable. Me moria porque mi boca escupiera las palabras correctas, las que supieran como despertar cualquier resquicio de sentimiento que diera a luz un "Quedate a mi lado"... Pero calle. Trague con la misma amargura y asco que uno siente cuando en plena borrachera un caprichoso estomago no resiste mas. Callé. Con paso firme mirando al piso y resoplando a modo de espantar mis sentiiemtos, camine hacia mi puerta de embarque. Solo levante la mirada para ver la pantalla, y por el rabillo del ojo, leer, "Sevilla". Esbozar una sonrisa fue imposible.
Era el todo por el todo. Un vuelo tranquilo. Un adios que se grito alto y claro.
Hubo un plan. Una vaga pero firme idea de como moverme. Influyo la experiencia de hace un tiempo atras.
Y aqui estoy. Disfrutando de todo lo que entra por mis ojos. Dejandome seducir por los sonidos de una ciudad llena de magia, que respira arte, que suda aromas unicos, y sobre todas las cosas, que sonrie.
Dejando atras maletas atadas a una invisible e infinita cuerda, camino por las calles adoquinadas observando cuanto detaalle puedan captar mis retinas...pero es tanto!. Todo es tan obnuvilante, tan magico, que focalizar en un punto en concreto se convierte en un pecado a los sentidos.
A fuerza de mirar repetidamente un mapa con olor a nuevo, di con el hostel que minutos antes al bajar del aeropuerto.
Pequeñamente andaluz. Timidamente cosmopolita. Sobradamente barato. Enseño mi documentacion caducada a una simpatica senegalesa en la recepcion. Ademas de indicarme cual seria mi aposento por tiempo indefinido aunque limitado a 36 horas me enseño las reglas del juego. Unas reglas que luego realize nadie cumplia.
Posteriormente al dejar mi equipaje debajo de mi cama, mis ansias de cafe y alimento me llevaron rapidamente a la tercera planta, donde se encontraba la cocina con un acogedor lobby y una descuidada aunque soleada terraza.
Necesite sentarme en el sofa, comenzar a darme cuenta que ya no habia marcha atras, que estaba en Sevilla, que todo dependia de mi. Estaba obligado a respirar bajo el agua, debia de convertirme en un pez en mares de hormigon.
Sin darme cuenta, estaba con mi cara tostandose al sol y un cafe humeante entre mis manos. Abro los ojos y frente mio una chica mirandome.
"Hi!, you look like havin' a good time", dijo en un marcado acento newyorker. La sonrisa que se dibujaba en su cara me inspiro tranquilidad. Esa sonrisa, me decia que habia llegado a casa.