jueves, 2 de diciembre de 2010

Sensaciones


Algo malhumorado y con la resaca a cuestas, luego de dar cuarenta vueltas a La Giralda, finalmente doy con Sevilla Inn. Maldigo a los cuatro vientos el haber caminado sin sentido.
Llego cargado de malhumor que erroneamente luego descargaria con la recepcionista. Dificilmente sea justificable el enojarse con una persona que acabas de conocer. Ignore el echo de que me hayan cobrado un recargo por pago con tarjeta, solo queria descanzar un poco para salir a buscar un trabajo que se me estaba siendo esquivo.
Subiendo por la escalera hacia mi habitacion compartida me cruzo con un grupo de chicas, seguramente Erasmus por la cara de resaca que tenian, que simpaticamente me sonrien y saludan. Casi intimidado por tanta femina solo atine a un timido "hola". Ni tenia humor ni fuerzas para intentar nada mas alla que mantener las formas.
Sentado en el salon decorado por el mural de una morena misteriosa sobre un fondo rojo, observaba un eterno desfilar de gente a la que le enseñaban el hostel como de si de un museo se tratase. Mucha gente joven. La lengua de brillaba por su ausencia hasta que en un mas que distinguible acento "andalú" se escucho: "QUIIIIILLOOO!!! QUE TE VUA A REVENTA' LA CABESA COMO ME VUELVA A ENSUCIA' EL SUELO!!". Era Maria Jose, la limpiadora del hostel regañando a una chica rubia muy delgada que mientras comia electricamente un sandwich parecia no entender mucho de lo que decia Maria Jose. "Si es que no se enteran..." dije buscando complicidad con Maria Jose. ¡Pobre de mi que no sabia lo que hacia!.
"Y tu de donde "asalido"? de donde ere'?".
"Soy argenti..." y sin dejarme terminar me interrumpió. "Siesqueeee! otro "boludo" mas!".
Maria Jose irradiaba cariño. Era como la "mamá" de todos en el hostel. Reñia, pero siempre tenia tiempo para un mimo. Me recordó a mi tia. Una persona dura en las formas, pero con un corazon que no le cabe en el pecho.
Junto a las formas de Maria Jose se respiraba una quimica especial en el staff del hostel. Parecian todos complices, todos amigos. Por un instante, me parecieron una familia... ¡pero vaya tonteria!.
Deje de lado el hostel e intenté centrarme en la busqueda de trabajo. Algo complicado se hacia cuando se escuchaban risas y mas risas que venian desde la cocina. Y para mi, que venia maravillado por las sonrisas y con la vagancia alimentada por mi resaca, esas risas sonaban a tentacion de no hacer nada en todo el dia.
Junto todas mis cosas y bajo por la escalera escapando de la tentacion de sumarme a la tertulia en la cocina. Bajando me cruce con la misma chica delgada que habia sido reñida por Maria Jose. Parecia timida, al menos por su forma de saludar.
Ya en la calle, luego de varias horas caminando y de venderme, todavia seguia teniendo a esa flaca electrica metida en mi cabeza.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Putos pajaros



Junto al desayuno una nota. "Por arreglos en el edificio deberan de trasladarse al hostel Pintor Marrano". Linda forma de empezar el dia, mudanza indesperada. ¿La verdad?. Me daba igual, ya no sentia el miedo escenico de mostrarme a una ciudad. El cafe de a poco me iba despertando. Voy a tomarme el dia con calma, hoy se que sera un buen dia.
En la tele, esa gran abandonada en mi vida ahora mismo, la misma porqueria de siempre, pero que a pesar de la lejania del ultimo dia que la mire, seguia teniendo poder hipnotico sobre mi.
Ultimo sorbo al cafe. Bajo a la habitacion a empacar media vida. La otra media vida cabe en otra maleta, algo mas grande, que me espera en Neverland. Empacar sera una cuestion sencilla. Por suerte me mantuve ordenado estos dias.
Con la maleta a mis pies, desde la puerta miro la habitacion. Quedandome con esa imagen en la cabeza y viendo que no me dejaba nada, sali rumbo a recepcion.
Despedida a medias con la recepcionista rubia. La veria trabajando en el hostel al que iba.
No era dia de mudanza. Los ultimos dias de calor se daban una vuelta por Sevilla. Sudando a mares y con la falta de oxigeno que me recuerda que debo dejar de fumar, llego al nuevo hostel, a mi nueva casa temporal.
Muy colorida, mucha planta adornando cada rincon. Y los pajaros. Los putos pajaros.
En la recepcion una chica boliviana. Muy agradable a la vista, algo parca quizas en sus palabras. Me asigna la habitacion y subo sin mas. Queria dejar las cosas y salir a buscar un trabajo.
Una habitacion algo estrecha. Aparentemente una cama de las seis estaba ocupada. Es divertido intentar dar con como es una persona segun su equipaje.
Dejando las cosas se escuchaba de fondo los pajaros. Los putos pajaros. Al principio podias llegar a cogerle cierto gusto, cierto encanto a tan bonitas criaturas. Asi lo veia mientras desempacaba. Aun, no sabia lo que me esperaba. Lo que les esperaba.
Cojo la carpeta con veinte curriculums y salgo. Me despido de los pajaros y voy camino a La Alameda. Habia un par de sitios que me interesaba visitar.
Toda la tarde caminando. El objetivo estaba claro. Vuelvo al hostel buscando un poco de paz, habia leido por ahi que este hostel tiene una terraza muy guapa.
Previa parada en el minimarket donde me aprovisione de un buen vino blanco, hago aterrizar mi culo en la terraza del hostel. Los pajaros adornaban la musica de Sevilla.
A la primera copa, se arriman a mi dos chicas. Extrañamente una de ellas con un marcado acento argentino en su forma de hablar español. Pasadas las presentaciones habituales, le pregunte si habia estado en Argentina. "6 meses, 3 en Buenos Aires, 3 en el Sur". Curiosa es la forma en que me veo obligado a recordar de donde vengo.
Paso la tarde y terminamos cenando los tres uno de los pocos platos que me salen bien. Pasta. Una cena agradable. Me estaba haciendo adicto a esto de conocer personas. Tanto tiempo oculto de la gente, esquivandola. No sabia de lo que me perdia. Esas personas que iba conociendo contaban sus historias, sus batallas.
La cena derivo en copas. El Corto Maltes. Hendrix teloneaba los bocados de las cabezas que cataba. Y las copas terminaron en baile. Y en el baile me perdi, y las perdi a las chicas. No tenia ni idea de en que momento me habia despedido de ellas. Solo se que estaba en medio de una fiesta reggae con un canuto que alguien me habra pasado y con una sonrisa que da asco. Me lo estoy pasando bien.
Resaca. Violento despertar con sabor a mierda en la boca y el alma dolorida. Esa mañana tenia que cambiar de hostel. Este tenia su encanto, pero habia algo que no me terminaba de gustar. Habia reservado una cama en Sevilla Inn, a pocos pasos de aqui, parecia majo el sitio.
Bajando por las escaleras con mi resaca por delante y mis trastos por detras, se escucho de fondo una señora mayor quebrada en llanto. Lamentablemente mi resaca no estaba de acuerdo con que ese llanto podria causar algo en mi, asi que apure el paso. No se bien porque.
Dejo las llaves en recepcion. Marcho saludando por lo bajo y camino hacia la puerta. Solo se escuchaba el paso de la gente y los caballos de los carruajes pasar. Al fin algo de tranquilidad.
Miro el mapa antes de salir, me oriento todo lo que mi resaca me permite.
Caminando por la Giralda el sol no se prestaba a ayudar ni hacer las cosas mas faciles. LLeno de palomas. Putos pajaros!... Ostias!.



*este texto esta puro, sin correcion alguna, sepan disculpar las molestias.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Cachetazos.

Luna llena. Hoy ha sido un día duro. No recordaba que las calles de Sevilla fueran tan demoledoras. Agotado fallezco en el sofá mirando por el rabillo del ojo a una television muda. Solo se escuchaba timidamente un blues que salia de alguna de las habitaciones.
Temprano en la mañana, y aun con la resaca de una despedida ausente salí a caminar en búsqueda de un trabajo. Como si de una contra reloj se tratase mantenía un paso firme y constante, creyendo que la persistencia seria mi mejor aliado.
Sesenta y dos copias de mi currículum. Ese era el contenido de la carpeta roja que llevaba. Sesenta y dos oportunidades con las que conseguir un trabajo. Sesenta y dos ocaciones en las que tendría que venderme al capullo de turno en un tiempo máximo de dos minutos, con lo que, pensándolo fríamente, me estaba poniendo un limite de 128 minutos para dar con aquel que trague con todas las medias verdades que puedan caber.
Me había olvidado del calor que reina en Sevilla. Las gotas de sudor que caían sobre el mapa de la ciudad al tiempo que marcaba las zonas ya recorridas daban por bueno mi esfuerzo.
Cada paso era una tortura. ¡Maldita sea la hora en que decidí por la mañana usar zapatos!. Me pregunto si el decidirme por los zapatos sabiendo lo doloroso que estos eran no era mas que una decisión tomada por mi inconsciente a modo de autoflagelacion con el objetivo de mantenerme despierto y no dejarme llevar por el encanto de los sueños.
Comienzo a dudar de lo que realmente vengo a buscar a Sevilla. ¿Un trabajo como medio de subsistencia?. ¿Un amor que me haga olvidar de todos los problemas que acarrea mi pesada maleta?. ¿Amistades que no tengan fecha de caducidad?. ¿Demostrarme que estoy equivocado al creer que la felicidad es una utopía?. ¿O quizá pueda que realmente no sepa aun que es lo que tanto ansío encontrar?.
"Ya te llamaremos", "El encargado no esta pero puedes dejarme el currículum a mi", "Nos sobra personal", todas frases que castigan el animo de cualquier parado. Embistes que nos se pueden esquivar, que te aturden, pero que sin saber uno bien porque, no terminan por golpearte. Masoquistamente luego de cada respuesta de esas pasamos a otro sitio esperando que nos reciban con los brazos abiertos, con un contrato indefinido y un sueldo que permita olvidarse de los calendarios que nos recuerdan la proximidad del día 31 y la lejanía del día 5. Aun así, todos sabemos que es casi seguro que en el próximo sitio que dejemos nuestro currículum solo recibiremos un violento golpe a mano abierta.
Con el sol huyendo cobardemente sobre Triana, decido que es hora de volver. Fueron muchos cachetazos para un día. A pesar de ello, alguno de los golpes quizás pudo tener sabor a caricia.
"¿Quien soy?", me susurra al oído tapandome los ojos mientras esperaba por cruzar una avenida. Busco y rebusco en mi cabeza queriendo emparejar esa voz con una cara. Nada. Me averguenzo de mi e intento redimirme en mi falta de memoria. "Lo siento, cielo. Solo se que tienes unas manos muy suaves y que hueles muy bien, pero soy muy malo para estos juegos, ¿quien eres?".
"Sonno io!!", me gira y reconozco su cara, lamentablemente su nombre aun no me viene a la cabeza. Me alegro el verla, guardaba lindos recuerdos de ella. Estaba dentro de la lista que todos tenemos en las que clasificamos a la gente en "buena" o "mala", ella era de las buenas.
Me pregunta por un trabajo que aun no encontré y por una casa que ni siquiera comencé a buscar. Me ofrece unirme a "Médicos sin fronteras" a cambio de un sueldo bajo y de parar a la gente por la calle pidiéndoles un donativo. Por un instante pensé que un trabajo es un trabajo y que no estaba en condiciones de rechazar absolutamente nada. Pero algo me decía que tenia que esperar.
Hablamos un par de trivalidades mas y nos despedimos no sin antes intercambiar nuestros telefonos. "Italiana buena", puse en la agenda del movil. Ya me acordaria de su nombre en otro momento.
Apago la television. Me quito los zapatos aliviando a esos tomates que tengo como pies. "Isabella!", me grita una neurona. Apunto su nombre en el telefono.
Con el salon a media luz, intento relajarme y acomodar mi plan para el dia de mañana.
De fondo, se sigue escuchando esa guitarra con acordes de blues.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sin plan.


No camines con mapas. No pierdas tu mirada en la nada. Vive, todo aquello que te haga sonreir.Y perdone que insista, pero estoy orgulloso de respirar.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Terremotos.

En el teatro que es mi vida el papel que mejor interpreto es el de un cobarde. Siempre tuve terremotos en las piernas marcados por los caprichos del corazón. Esta mañana el terremoto me cogió desnudo.
"Mornin'!", saludo Blair desde el otro lado de la sala de estar. Sin tiempo a siquiera olfatear su presencia. Comenzó el terremoto.
"Do you now what time its the next train to Granada?". Escombros que caen a fuerza de los mazazos del recuerdo que me refrescaban el dato de que Blair marcharia el día de hoy.
Ignorando a mis deseos y con un tono de voz que suplicaba que no se marchase, dije:"Ammmm... in 20 minutes its the next one...and... then you have another one at four".
Rogaba que la escases de tiempo se pusiera de mi lado regalándome un par de horas mas junto a ella. Pero que coño sabrá el tiempo de regalos si lo único que hace es robarnos descaradamente y con una cinica sonrisa todos los momentos llevandoselos para siempre.
Blair decidió que 20 minutos eran suficientes para llegar a la estación.
Mis esperanzas corren despavoridas por mis venas buscando un refugio. Todo se movía. Algunas comenzaban a morir enterradas en los escombros de este intenso y fugaz terremoto. Dicen los que han vivido terremotos reales de magnitudes considerables que a pesar de que la duracion de estos es muy corta, uno tiene la sensacion de que los minutos en que transcurre la gran sacudida se hacen eternos. El pánico se apodera de uno tomando como rehén a la sensatez haciendo que corramos como locos sin rumbo.
Como si de una copa de Jack Daniels sin hielo se tratase, Blair bebió su café, dio un mordisco a mi tostada y comenzo a saludar a la gente que estaba en el salón. Es curioso, pero hasta ese momento no me había dado cuenta de la presencia de ninguno de ellos, tampoco es que me importaran demasiado.
Y llego el momento en que el centro urbano de Ciudad Esperanza fuera devastado.
Libros por el suelo. Polvo y confusión. Gritos desesperados de esperanzas que buscaban ser rescatadas. Era tarde. Todo habia sido destruido.
Me abrazo fuertemente dejandome en la nariz el recuerdo efimero de su piel. "I hope all your dreams come true.". El hocico herido, la primera herida.
Me robo con descaro un sorbo de mi café y marcho. Estúpidamente mudo me quede sentado con mi cafe de testigo de mi cobardía, escuchando sus pasos por la escalera. Su maleta que rueda saliendo de su habitación. La puerta que se cierra y da comienzo al silencio que reina luego de tanta devastacion.
En el ultimo gran terremoto que azoto Chile, algunos decían que las replicas casi fueron peores que el propio terremoto. No por el daño que pudiesen causar, sino porque el miedo ya estaba alojado debajo de la piel de todos.
Suena mi móvil. Numero imposible de identificar. Puede que sea un trabajo. Carraspeo con la vana intención de aclarar mi voz. "Si...digame?".
"I really wish to stay. Sometimes destination is one of those injuries that leave a horrible scar that over time you begin to appreciate. I would have liked to have met you at another time in my life. Fortunately, living in a hostels doesn´t give you time to say ´Adios´ and that can feel like a shock. Hasta siempre!" (1), se escucho del otro lado del telefono sin tiempo a decir nada. Solo escuche hasta que un pitido en pulso me advirtio que ya no estaba.
En mi, el silencio y los nervios de que todo ya habia pasado. Por dentro, estaba sangrando. Ahora solo me resta recomponer los daños.


(1): "El destino a veces es una de esas heridas que dejan una horrible cicatriz a las que con el paso del tiempo comienzas a tomarle cariño. Hubiera deseado haberte conocido en otro momento de mi vida. Por suerte, la vida en un hostel no te da tiempo a decir "Adios", y eso, hace que ahora solo te sientas aturdido"


*Gracias Katja por ayudarme en la traducción.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Una sonrisa donde naufragar.

Del vacio de la habitacion arrastrando mis pies y mi media resaca hacia el ring de sonrisas que es la sala de estar del hostel. Una parte de mi esperaba verla a ella. Hacia tiempo dando vueltas. Daba vueltas con una cucharilla de cafe que nadaba en un cafe en llamas. Daba vueltas con los dedos en el mando de la tv. Daba vueltas con la mirada a la apertura de la puerta del ascensor.
Poco a poco, el salon se iba llenando de gente, pero ella no llegaba.
Queria verla, necesitaba verla, moria por desearle que tenga un buen dia.
"Son las 10... las once en Canarias", aturdio la radio en mis oidos. Tenia que despegar y no olvidarme la razon de porque estaba en esta ciudad, por mucho que a mis hormonados sentidos le apeteciece otra cosa.
Limpie la vajilla que use rogando que en esos instantes apareciece. Jamas deje una taza mas reluciente.
Baje a ducharme. Tenia que volver a focalizar. No descentrarme ya que de hacerlo podria ser fatal.
Una ducha que apaga deseos, que me ayudo a cerrar los ojos y plantearme el dia. Al afeitarme miraba un mapa de la ciudad que habia colgado en el espejo del baño mintiendome sobre una ruta de busqueda. Se me habia olvidado que esta ciudad no es una ciudad de mapas. Terminas perdiendote siempre entre sus callejones empedrados. Te convierte a diario en un explorador. Un cartografo de tus pasos.
Antes de salir de la habitacion, ultimo repaso al plan. Carpeta con Curriculums, ok. Ordenador portatil, ok. Traje portados de arrugas del viaje, ok. Telefono movil con suficiente bateria como para soportar que el resto del dia lo mirase neuroticamente cada 10 minutos, ok. Estaba listo para salir a dibujar mis pasos, mis primeros pasos.
Cogo todas las cosas y antes de salir, ultima mirada al espejo. El reflejo que me devolvia el espejo estaba bien, nunca fui amante de los espejos por saber de sobra mis limitaciones esteticas, pero esta vez, tenia que gustarme. Un corazon lleno de ilusion y miedo, ok.
Bajo las escaleras. "Oye!, que guapo!", dice la recepcionista matutina en un marcado acento de europa del este. Alimento para mi ego, caricias para mi autoestima.
Agradezco practicando mi sonrisa, apuro el paso deteniendome un segundo antes de pisar la calle. Cierro los ojos. Respiro profundamente dejando entrar los aromas a jazmines y naranjos que inundan la ciudad. "Puedes hacerlo!. Tienes que hacerlo!. VAS A HACERLO!", Le grite a mi interior. Deje salir el aire con fuerza, como si con ello se fuera todo lo malo que cargaba en mis espaldas, como si con ello me abriese camino entre las nubes de adoquines.
Pie derecho. Pie izquierdo. No hay secretos para caminar, tan solo hay que hacerlo. Mis pasos eran firmes. Apisonadores de miedos, destructores de inseguridades, sicarios del pasado.
Hacia mucho tiempo que no caminaba sin rumbo y sin auriculares poniendole mi propia banda de sonido a lo que me rodeaba. Hoy no era necesario. La ciudad ya tiene una musica que me agrada. Taconeos y voceos andaluces. Flamenco que se esconde en cada esquina. Charlas, muchas charlas, aqui a la gente le gusta la calides de las palabras.
Luego de dejar curriculums en cuanto restaurante viera que podria encajar con lo que buscaba y en cuanto bar se cruzara en mi camino, el ir viendo cada vez mas gente reunida en esos bares le recordo a mi estomago que era hora de comer.
Parada rapida en un bar cualquiera. Tapa y caña, ¿que otra cosa se podia pedir en Sevilla?. De pie alimentaba mis sentidos observando a la gente charlar. Me fascino tamaña orgia de palabras.
Continue caminando hasta el atardecer. Los pies comenzaban a sentir el efecto de unos zapatos ajustados. Me obligaron a considerar la idea de un ultimo sprint de busqueda y retirada. Pero en esta ciudad si no llevas mapas tampoco llevas planes.
"Hey!!! que pasaaaa, quilloo!!!", saludaban las rastas sonrientes de Lolo que tomaba una caña con su pareja y "La Fede". Lolo, es un musico sevillano que puede tener su mundo en plena demolicion pero siempre va a mostrarte sus blancos dientes con esa sonrisa que va de oreja a oreja. "La Fede", la italiana que odia el futbol y no le encuentra sentido a que 22 "muñequitos" se peleen durante 90 minutos por una pelota. (Lo de "muñequitos" viene porque de lejos los jugadores se parecen a eso... a muñequitos).
Lolo me invita a unirme a ellos caña de por medio. Lo tipico, pasamos revista a vista de pajaro de lo que nos ocurrio en este tiempo sin vernos. Me alegre de verlo.
Deciden partir a por una tapita, me uno a ellos guardandome el cansancio en un bolsillo.
Otro bar, otra gente, otras sonrisas, misma alegria. Se fue uniendo mas gente que me alegraba de ver y que se alegraban de verme. Se que era absurdo, pero como no preguntarte si en algun momento las sonrisas desaparecerian. ¿Como no temer al instante en que todo vaya mal?. Comprobe, una vez mas, que no merecen las canas que gasto los disgustos vividos, quizas, si hubiera vivido de forma diferente ahora tendria mas pelo y menos canas.
Aproveche el estar en ese bar para, envalentonado por las cañas que me habia bebido,preguntar por el encargado para darle mi curriculum. Cuando lo tuve frente a mi lo ametralle con las bondades de mi pasado profesional. Busco aturdir. Encantar. No dejarte pensar. Intento a medida que disparo palabras ir observando reacciones. Pequeños gestos que me delaten hacia donde dirigir mis proximas palabras.
En este caso el aturdimiento funciono. Salimos fuera de el bar que estaba a reventar de gente para mantener una charla de 20 minutos. Lolo y los demas ya habian marchado cansados de esperarme, pero entendiendo que estaba de rebajas.
Apreton de manos y promesa que dio de comer a mis esperanzas.
Regreso al hostel con una sonrisa que daba asco. Cantaba a los gritos por la calle y no me importaba. Los pies a cada paso daban latigazos de dolor.
Y me acorde de ella. Apure mis pasos. Queria llegar al hostel y contarle que habia sido un buen dia. Queria que me contase como fue su dia. Queria verla sonreir.
Saltando de dos en dos los escalones de la escalera llegue a la terraza. Y ahi estaba ella. Charlando con una chica francesa con la que al parecer estuvieron todo el dia juntas recorriendo la ciudad.
Yo le conte mi dia, le dije que me encontraba bien y que tenia esperanzas de haber conseguido un trabajo. Salto de alegria y me abrazo. Por Dios! cuanto disfrute ese abrazo. Cuanto deseaba estar ahi, estar asi.
En ese momento no queria besos, no queria sexo, tan solo queria un abrazo, tan solo una mirada, tan solo una sonrisa donde naufragar.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Bocados y palabras



En mi casa sin puertas ni ventanas todo el dia es un mar de personas de visitas. Personas que no te dicen ni hola. Personas que me morire sin descubrir. Pero por suerte hay personas que se desnudan ante mi, que sin mas sueltan toda su verborragia de ansias de ser descubiertos. Que quieren hundir el bisturi de su curiosidad hasta lo mas profundo de tu cabeza y escarban cada vez mas profundo.
La sonrisa de la chica de acento newyorker resulto tan afilada que abrio mi cabeza de par en par. En la zanja abierta deposito una semilla de un arbol lleno de palabras de crecimiento rapido.Me hizo olvidar por unos minutos que no podia perder el tiempo. Pero... ¿como considerar que se esta perdiendo el tiempo cuando el sol adereza la sonrisa de una mujer?. ¿Como no evitar naufragar en la curiosidad de querer saber mas y mas de esa newyorker hasta hace minutos totalmente desconocida?.
En un impropio de mi atisbo de lucidez se me ocurrio que podia combinar el descubrir a esta mujer y redescubrir a Sevilla. Tenia que volver a recorrer las habitaciones de mi casa. Limpiar de mi memoria el polvo del olvido y volver a darle vida a lo que llevo dentro. Habia que desempacar.
Invite a Blair (tal el nombre de la newyorker)a mostrarle mi casa al tiempo que gastaba mis zapatos nuevos en busca de un trabajo que sea la primera piedra de mis sueños.
Salimos del hostel sin saber a donde ir. Ella queria ir a la izquierda y yo me habia girado a la derecha. Las risas fueron inevitables. Caballerosamente acepte su propuesta de ir a la izquierda cuando ella ya habia comenzado a caminar hacia la derecha.
Cada paso que dabamos fue condimentado con sabrosas palabras. Con suaves y orgasmicos detalles de nuestras vidas nos fuimos desnudando. Parecia como si sentiamos ansiedad de darle mordiscos al pasado del otro. Las anecdotas sabian a tapas. Tapas de toda la vida, tapas de autor... En el gran bar que fue nuestras vidas expusimos sobre la barra tapas que sabian deliciosas , otras que tenian un aspecto rancio y con moho.
Casi sin darnos cuenta el sol se fue a dormir. Era la luna y las luces de la ciudad las que doraban nuestros ojos. Sin mapas nos perdimos, aun a sabiendas de a donde queriamos ir sin saber muy bien a donde terminar.
Por el corazon de Triana propuse ir a saludar a la gente en mi antiguo trabajo. Tenia la sensacion de ir a visitar a esa familia lejana que no ves hace tiempo pero que guardas buenos recuerdos de todos ellos.
Entramos a ese restaurante y nuevamente, las sonrisas. Francas, sinceras, calidas y sobre todo, sabrosas. Pasamos revista de todo este tiempo sin vernos.
Ella, por culpa de un pasado de excesos ya olvidados, solo bebio agua. Yo, no pude no caer en la tentacion de mojar mi boca con la mejor manzanilla. Y tal como ocurre en todas las visitas que le haces a la familia, hicieron acto de prescencia en nuestra bota una racion de tortillitas de camarones. Vaya festival a los sentidos!. Vaya bienvenida!. Vaya orgasmo a la realidad!.
Era tarde aunque insolentemente temprano para nuestra orgia de palabras. Nos despedimos de mi familia. En busca del extasis gastronomico dejamos atras el restaurante. El primer paso en la calle nos abofeteo con un puente de Triana en todo su esplendor. Solitario y encantadoramente antiguo.
De gustos y placeres fueron las palabras que hicieron tropa a nuestros pasos hasta un sitio donde sentarnos a comer.
En la Alameda de Hercules nos decidimos por un barcito que segun recordaban mis oidos se comia bien.
Guiado por mi instinto de soprender a Blair, eleji una seleccion de tapas que supieron a gloria. Que sabian aun mejor por la compania que estabamos teniendo. Cada bocado era una pletorica guarnicion a nuestra charla que no sabia de finales ni de silencios.
Ya con la gula gastronomica saciada, partimos de vuelta a casa, al hostel.
La historia que os cuento, podria haber escrito su epitafio aqui mismo, pero resulta que las palabras que deciamos nos salieron analfabetas y provocaron al instinto musical que Blair tenia en su interior.
Sus armas de mujer supieron ganarle a nuestro cansancio. Su sonrisa, nuevamene me cautivo, nuevamente supo hacer que no supiera decir que no.
Entre acordes y estrofas olvidadas, dirigimos nuestros pasos al bar de una gitana en las cercanias del rio, a metros del puente de Triana.
Gitana entrada en años. Con un ego que parecia argentino que sabia hacer retumbar las paredes de su templo.
Sentados en el templo de la gitana, disfrutabamos con el flamenco mas puro. Ese, que sale del corazon, que nace en las visceras y que se hace inmortal en los oidos.
Palmas, copas, humo y pasion. Condimentos esenciales del bar de la gitana. El flamenco te erizaba la piel. No podia estar ausente esta visceral musica en esta noche. En mi primer noche de vuelta en casa.
La gitana , supongo que un poco por cansancio y otro tanto por los efectos de los cuatro gin tonic que se habia bebido, decidio cerrar el bar.
Todos a la calle. A recogerse tocaba. Y asi fue.
Sin un alma en la calle fuimos llegando al hostel suspirando por lo que habiamos vivido. La sonrisa en nuestras caras era solo el reflejo de nuestro interior.
Juro que no queria que acabase esa noche. Queria congelar el tiempo eternamente. Pero no seria yo quien se pusiese a discutir con el tiempo y sus caprichos. Tenia que llegar la despedida.
En la puerta de su habitacion, sin yo pedirlo, encontrandome resignadamente a gusto con el resultado de como fue la noche, recibi un abrazo.
Me abrazo con fuerzas. Como quien abraza algo que no quiere que se escape. Me cogio la cara, y mirandome a los ojos, dijo casi susurrando:"Thanks... i got one of the best nights in my life". Me beso y cerro la puerta de su habitacion.
Di media vuelta y subiendo la escalera rumbo a mi habitacion, se escucho rompiendo el silencio que reinaba y en un perfecto español...
"Te veo en el desayuno..."