Del vacio de la habitacion arrastrando mis pies y mi media resaca hacia el ring de sonrisas que es la sala de estar del hostel. Una parte de mi esperaba verla a ella. Hacia tiempo dando vueltas. Daba vueltas con una cucharilla de cafe que nadaba en un cafe en llamas. Daba vueltas con los dedos en el mando de la tv. Daba vueltas con la mirada a la apertura de la puerta del ascensor.
Poco a poco, el salon se iba llenando de gente, pero ella no llegaba.
Queria verla, necesitaba verla, moria por desearle que tenga un buen dia.
"Son las 10... las once en Canarias", aturdio la radio en mis oidos. Tenia que despegar y no olvidarme la razon de porque estaba en esta ciudad, por mucho que a mis hormonados sentidos le apeteciece otra cosa.
Limpie la vajilla que use rogando que en esos instantes apareciece. Jamas deje una taza mas reluciente.
Baje a ducharme. Tenia que volver a focalizar. No descentrarme ya que de hacerlo podria ser fatal.
Una ducha que apaga deseos, que me ayudo a cerrar los ojos y plantearme el dia. Al afeitarme miraba un mapa de la ciudad que habia colgado en el espejo del baño mintiendome sobre una ruta de busqueda. Se me habia olvidado que esta ciudad no es una ciudad de mapas. Terminas perdiendote siempre entre sus callejones empedrados. Te convierte a diario en un explorador. Un cartografo de tus pasos.
Antes de salir de la habitacion, ultimo repaso al plan. Carpeta con Curriculums, ok. Ordenador portatil, ok. Traje portados de arrugas del viaje, ok. Telefono movil con suficiente bateria como para soportar que el resto del dia lo mirase neuroticamente cada 10 minutos, ok. Estaba listo para salir a dibujar mis pasos, mis primeros pasos.
Cogo todas las cosas y antes de salir, ultima mirada al espejo. El reflejo que me devolvia el espejo estaba bien, nunca fui amante de los espejos por saber de sobra mis limitaciones esteticas, pero esta vez, tenia que gustarme. Un corazon lleno de ilusion y miedo, ok.
Bajo las escaleras. "Oye!, que guapo!", dice la recepcionista matutina en un marcado acento de europa del este. Alimento para mi ego, caricias para mi autoestima.
Agradezco practicando mi sonrisa, apuro el paso deteniendome un segundo antes de pisar la calle. Cierro los ojos. Respiro profundamente dejando entrar los aromas a jazmines y naranjos que inundan la ciudad. "Puedes hacerlo!. Tienes que hacerlo!. VAS A HACERLO!", Le grite a mi interior. Deje salir el aire con fuerza, como si con ello se fuera todo lo malo que cargaba en mis espaldas, como si con ello me abriese camino entre las nubes de adoquines.
Pie derecho. Pie izquierdo. No hay secretos para caminar, tan solo hay que hacerlo. Mis pasos eran firmes. Apisonadores de miedos, destructores de inseguridades, sicarios del pasado.
Hacia mucho tiempo que no caminaba sin rumbo y sin auriculares poniendole mi propia banda de sonido a lo que me rodeaba. Hoy no era necesario. La ciudad ya tiene una musica que me agrada. Taconeos y voceos andaluces. Flamenco que se esconde en cada esquina. Charlas, muchas charlas, aqui a la gente le gusta la calides de las palabras.
Luego de dejar curriculums en cuanto restaurante viera que podria encajar con lo que buscaba y en cuanto bar se cruzara en mi camino, el ir viendo cada vez mas gente reunida en esos bares le recordo a mi estomago que era hora de comer.
Parada rapida en un bar cualquiera. Tapa y caña, ¿que otra cosa se podia pedir en Sevilla?. De pie alimentaba mis sentidos observando a la gente charlar. Me fascino tamaña orgia de palabras.
Continue caminando hasta el atardecer. Los pies comenzaban a sentir el efecto de unos zapatos ajustados. Me obligaron a considerar la idea de un ultimo sprint de busqueda y retirada. Pero en esta ciudad si no llevas mapas tampoco llevas planes.
"Hey!!! que pasaaaa, quilloo!!!", saludaban las rastas sonrientes de Lolo que tomaba una caña con su pareja y "La Fede". Lolo, es un musico sevillano que puede tener su mundo en plena demolicion pero siempre va a mostrarte sus blancos dientes con esa sonrisa que va de oreja a oreja. "La Fede", la italiana que odia el futbol y no le encuentra sentido a que 22 "muñequitos" se peleen durante 90 minutos por una pelota. (Lo de "muñequitos" viene porque de lejos los jugadores se parecen a eso... a muñequitos).
Lolo me invita a unirme a ellos caña de por medio. Lo tipico, pasamos revista a vista de pajaro de lo que nos ocurrio en este tiempo sin vernos. Me alegre de verlo.
Deciden partir a por una tapita, me uno a ellos guardandome el cansancio en un bolsillo.
Otro bar, otra gente, otras sonrisas, misma alegria. Se fue uniendo mas gente que me alegraba de ver y que se alegraban de verme. Se que era absurdo, pero como no preguntarte si en algun momento las sonrisas desaparecerian. ¿Como no temer al instante en que todo vaya mal?. Comprobe, una vez mas, que no merecen las canas que gasto los disgustos vividos, quizas, si hubiera vivido de forma diferente ahora tendria mas pelo y menos canas.
Aproveche el estar en ese bar para, envalentonado por las cañas que me habia bebido,preguntar por el encargado para darle mi curriculum. Cuando lo tuve frente a mi lo ametralle con las bondades de mi pasado profesional. Busco aturdir. Encantar. No dejarte pensar. Intento a medida que disparo palabras ir observando reacciones. Pequeños gestos que me delaten hacia donde dirigir mis proximas palabras.
En este caso el aturdimiento funciono. Salimos fuera de el bar que estaba a reventar de gente para mantener una charla de 20 minutos. Lolo y los demas ya habian marchado cansados de esperarme, pero entendiendo que estaba de rebajas.
Apreton de manos y promesa que dio de comer a mis esperanzas.
Regreso al hostel con una sonrisa que daba asco. Cantaba a los gritos por la calle y no me importaba. Los pies a cada paso daban latigazos de dolor.
Y me acorde de ella. Apure mis pasos. Queria llegar al hostel y contarle que habia sido un buen dia. Queria que me contase como fue su dia. Queria verla sonreir.
Saltando de dos en dos los escalones de la escalera llegue a la terraza. Y ahi estaba ella. Charlando con una chica francesa con la que al parecer estuvieron todo el dia juntas recorriendo la ciudad.

Yo le conte mi dia, le dije que me encontraba bien y que tenia esperanzas de haber conseguido un trabajo. Salto de alegria y me abrazo. Por Dios! cuanto disfrute ese abrazo. Cuanto deseaba estar ahi, estar asi.
En ese momento no queria besos, no queria sexo, tan solo queria un abrazo, tan solo una mirada, tan solo una sonrisa donde naufragar.