

Junto al desayuno una nota. "Por arreglos en el edificio deberan de trasladarse al hostel Pintor Marrano". Linda forma de empezar el dia, mudanza indesperada. ¿La verdad?. Me daba igual, ya no sentia el miedo escenico de mostrarme a una ciudad. El cafe de a poco me iba despertando. Voy a tomarme el dia con calma, hoy se que sera un buen dia.
En la tele, esa gran abandonada en mi vida ahora mismo, la misma porqueria de siempre, pero que a pesar de la lejania del ultimo dia que la mire, seguia teniendo poder hipnotico sobre mi.
Ultimo sorbo al cafe. Bajo a la habitacion a empacar media vida. La otra media vida cabe en otra maleta, algo mas grande, que me espera en Neverland. Empacar sera una cuestion sencilla. Por suerte me mantuve ordenado estos dias.
Con la maleta a mis pies, desde la puerta miro la habitacion. Quedandome con esa imagen en la cabeza y viendo que no me dejaba nada, sali rumbo a recepcion.
Despedida a medias con la recepcionista rubia. La veria trabajando en el hostel al que iba.
No era dia de mudanza. Los ultimos dias de calor se daban una vuelta por Sevilla. Sudando a mares y con la falta de oxigeno que me recuerda que debo dejar de fumar, llego al nuevo hostel, a mi nueva casa temporal.
Muy colorida, mucha planta adornando cada rincon. Y los pajaros. Los putos pajaros.
En la recepcion una chica boliviana. Muy agradable a la vista, algo parca quizas en sus palabras. Me asigna la habitacion y subo sin mas. Queria dejar las cosas y salir a buscar un trabajo.
Una habitacion algo estrecha. Aparentemente una cama de las seis estaba ocupada. Es divertido intentar dar con como es una persona segun su equipaje.
Dejando las cosas se escuchaba de fondo los pajaros. Los putos pajaros. Al principio podias llegar a cogerle cierto gusto, cierto encanto a tan bonitas criaturas. Asi lo veia mientras desempacaba. Aun, no sabia lo que me esperaba. Lo que les esperaba.
Cojo la carpeta con veinte curriculums y salgo. Me despido de los pajaros y voy camino a La Alameda. Habia un par de sitios que me interesaba visitar.
Toda la tarde caminando. El objetivo estaba claro. Vuelvo al hostel buscando un poco de paz, habia leido por ahi que este hostel tiene una terraza muy guapa.
Previa parada en el minimarket donde me aprovisione de un buen vino blanco, hago aterrizar mi culo en la terraza del hostel. Los pajaros adornaban la musica de Sevilla.
A la primera copa, se arriman a mi dos chicas. Extrañamente una de ellas con un marcado acento argentino en su forma de hablar español. Pasadas las presentaciones habituales, le pregunte si habia estado en Argentina. "6 meses, 3 en Buenos Aires, 3 en el Sur". Curiosa es la forma en que me veo obligado a recordar de donde vengo.
Paso la tarde y terminamos cenando los tres uno de los pocos platos que me salen bien. Pasta. Una cena agradable. Me estaba haciendo adicto a esto de conocer personas. Tanto tiempo oculto de la gente, esquivandola. No sabia de lo que me perdia. Esas personas que iba conociendo contaban sus historias, sus batallas.
La cena derivo en copas. El Corto Maltes. Hendrix teloneaba los bocados de las cabezas que cataba. Y las copas terminaron en baile. Y en el baile me perdi, y las perdi a las chicas. No tenia ni idea de en que momento me habia despedido de ellas. Solo se que estaba en medio de una fiesta reggae con un canuto que alguien me habra pasado y con una sonrisa que da asco. Me lo estoy pasando bien.
Resaca. Violento despertar con sabor a mierda en la boca y el alma dolorida. Esa mañana tenia que cambiar de hostel. Este tenia su encanto, pero habia algo que no me terminaba de gustar. Habia reservado una cama en Sevilla Inn, a pocos pasos de aqui, parecia majo el sitio.
Bajando por las escaleras con mi resaca por delante y mis trastos por detras, se escucho de fondo una señora mayor quebrada en llanto. Lamentablemente mi resaca no estaba de acuerdo con que ese llanto podria causar algo en mi, asi que apure el paso. No se bien porque.
Dejo las llaves en recepcion. Marcho saludando por lo bajo y camino hacia la puerta. Solo se escuchaba el paso de la gente y los caballos de los carruajes pasar. Al fin algo de tranquilidad.
Miro el mapa antes de salir, me oriento todo lo que mi resaca me permite.
Caminando por la Giralda el sol no se prestaba a ayudar ni hacer las cosas mas faciles. LLeno de palomas. Putos pajaros!... Ostias!.
*este texto esta puro, sin correcion alguna, sepan disculpar las molestias.





