miércoles, 3 de noviembre de 2010

Bocados y palabras



En mi casa sin puertas ni ventanas todo el dia es un mar de personas de visitas. Personas que no te dicen ni hola. Personas que me morire sin descubrir. Pero por suerte hay personas que se desnudan ante mi, que sin mas sueltan toda su verborragia de ansias de ser descubiertos. Que quieren hundir el bisturi de su curiosidad hasta lo mas profundo de tu cabeza y escarban cada vez mas profundo.
La sonrisa de la chica de acento newyorker resulto tan afilada que abrio mi cabeza de par en par. En la zanja abierta deposito una semilla de un arbol lleno de palabras de crecimiento rapido.Me hizo olvidar por unos minutos que no podia perder el tiempo. Pero... ¿como considerar que se esta perdiendo el tiempo cuando el sol adereza la sonrisa de una mujer?. ¿Como no evitar naufragar en la curiosidad de querer saber mas y mas de esa newyorker hasta hace minutos totalmente desconocida?.
En un impropio de mi atisbo de lucidez se me ocurrio que podia combinar el descubrir a esta mujer y redescubrir a Sevilla. Tenia que volver a recorrer las habitaciones de mi casa. Limpiar de mi memoria el polvo del olvido y volver a darle vida a lo que llevo dentro. Habia que desempacar.
Invite a Blair (tal el nombre de la newyorker)a mostrarle mi casa al tiempo que gastaba mis zapatos nuevos en busca de un trabajo que sea la primera piedra de mis sueños.
Salimos del hostel sin saber a donde ir. Ella queria ir a la izquierda y yo me habia girado a la derecha. Las risas fueron inevitables. Caballerosamente acepte su propuesta de ir a la izquierda cuando ella ya habia comenzado a caminar hacia la derecha.
Cada paso que dabamos fue condimentado con sabrosas palabras. Con suaves y orgasmicos detalles de nuestras vidas nos fuimos desnudando. Parecia como si sentiamos ansiedad de darle mordiscos al pasado del otro. Las anecdotas sabian a tapas. Tapas de toda la vida, tapas de autor... En el gran bar que fue nuestras vidas expusimos sobre la barra tapas que sabian deliciosas , otras que tenian un aspecto rancio y con moho.
Casi sin darnos cuenta el sol se fue a dormir. Era la luna y las luces de la ciudad las que doraban nuestros ojos. Sin mapas nos perdimos, aun a sabiendas de a donde queriamos ir sin saber muy bien a donde terminar.
Por el corazon de Triana propuse ir a saludar a la gente en mi antiguo trabajo. Tenia la sensacion de ir a visitar a esa familia lejana que no ves hace tiempo pero que guardas buenos recuerdos de todos ellos.
Entramos a ese restaurante y nuevamente, las sonrisas. Francas, sinceras, calidas y sobre todo, sabrosas. Pasamos revista de todo este tiempo sin vernos.
Ella, por culpa de un pasado de excesos ya olvidados, solo bebio agua. Yo, no pude no caer en la tentacion de mojar mi boca con la mejor manzanilla. Y tal como ocurre en todas las visitas que le haces a la familia, hicieron acto de prescencia en nuestra bota una racion de tortillitas de camarones. Vaya festival a los sentidos!. Vaya bienvenida!. Vaya orgasmo a la realidad!.
Era tarde aunque insolentemente temprano para nuestra orgia de palabras. Nos despedimos de mi familia. En busca del extasis gastronomico dejamos atras el restaurante. El primer paso en la calle nos abofeteo con un puente de Triana en todo su esplendor. Solitario y encantadoramente antiguo.
De gustos y placeres fueron las palabras que hicieron tropa a nuestros pasos hasta un sitio donde sentarnos a comer.
En la Alameda de Hercules nos decidimos por un barcito que segun recordaban mis oidos se comia bien.
Guiado por mi instinto de soprender a Blair, eleji una seleccion de tapas que supieron a gloria. Que sabian aun mejor por la compania que estabamos teniendo. Cada bocado era una pletorica guarnicion a nuestra charla que no sabia de finales ni de silencios.
Ya con la gula gastronomica saciada, partimos de vuelta a casa, al hostel.
La historia que os cuento, podria haber escrito su epitafio aqui mismo, pero resulta que las palabras que deciamos nos salieron analfabetas y provocaron al instinto musical que Blair tenia en su interior.
Sus armas de mujer supieron ganarle a nuestro cansancio. Su sonrisa, nuevamene me cautivo, nuevamente supo hacer que no supiera decir que no.
Entre acordes y estrofas olvidadas, dirigimos nuestros pasos al bar de una gitana en las cercanias del rio, a metros del puente de Triana.
Gitana entrada en años. Con un ego que parecia argentino que sabia hacer retumbar las paredes de su templo.
Sentados en el templo de la gitana, disfrutabamos con el flamenco mas puro. Ese, que sale del corazon, que nace en las visceras y que se hace inmortal en los oidos.
Palmas, copas, humo y pasion. Condimentos esenciales del bar de la gitana. El flamenco te erizaba la piel. No podia estar ausente esta visceral musica en esta noche. En mi primer noche de vuelta en casa.
La gitana , supongo que un poco por cansancio y otro tanto por los efectos de los cuatro gin tonic que se habia bebido, decidio cerrar el bar.
Todos a la calle. A recogerse tocaba. Y asi fue.
Sin un alma en la calle fuimos llegando al hostel suspirando por lo que habiamos vivido. La sonrisa en nuestras caras era solo el reflejo de nuestro interior.
Juro que no queria que acabase esa noche. Queria congelar el tiempo eternamente. Pero no seria yo quien se pusiese a discutir con el tiempo y sus caprichos. Tenia que llegar la despedida.
En la puerta de su habitacion, sin yo pedirlo, encontrandome resignadamente a gusto con el resultado de como fue la noche, recibi un abrazo.
Me abrazo con fuerzas. Como quien abraza algo que no quiere que se escape. Me cogio la cara, y mirandome a los ojos, dijo casi susurrando:"Thanks... i got one of the best nights in my life". Me beso y cerro la puerta de su habitacion.
Di media vuelta y subiendo la escalera rumbo a mi habitacion, se escucho rompiendo el silencio que reinaba y en un perfecto español...
"Te veo en el desayuno..."

1 comentario:

  1. Barbudo, me has impresionado. Muy bonita historia. Queremos mas impresiones sevillanas!! Espero que la vuelvas a ver...

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